Entrando en el cierre de un año en el que la humanidad se realizó a sí misma una profunda marca, demostrándose que lo que no considerado retorna amplificado, miro hacia lo recorrido en mi año particular y una vez más confirmo que lo que me brinda la enseñanza en mi vida es siempre lo mejor y para mejor.


Incluso en contextos dónde pareciera que es imposible crecer, porque esa es la demanda de los paradigmas imperantes y de la humanidad en contexto de pandemia, la enseñanza nos exige considerar lo que se presenta en lo sutil y utilizar eso desocultado en lo sutil para generar nuestra propia realidad y no negociar nuestro crecimiento constante.


Así como el método nos enseña a considerar la escucha y la palabra (me he referido a eso en varios escritos anteriores) también nos enseña a diferenciar los tres tiempos lógicos: instante para ver, tiempo para comprender y momento para concluir, una herramienta contenida en un tríptico que es súper práctica para todo lo que deseemos realizar en nuestra vida, pero que con el tiempo me he dado cuenta de que es mucho más que una herramienta.


El instante para ver no es solamente lo que vemos con la mirada, sino también lo que aprendemos a ver con la escucha, eso que logramos detectar en las palabras porque ponemos luz dónde antes no había luz. Conocer la relación entre el ver, la escucha y la luz es en sí mismo un descubrimiento muy potente, pero es un antes y un después para quién desea a aplicar lo que la enseñanza brinda a través de los tres tiempos lógicos.


Lograr ver dónde nuestro ego siempre nos pone un NO, “que NO miremos hacia tal situación”, “que NO miremos hacia ese mandato”, “que NO escuchemos eso que repetimos todos los días”, es lograr dar un paso hacia reconocer lo que NO en cada uno de nosotros. Y es un gran avance ver lo que NO, pero quedarse mirando y no comprender qué es lo que vemos, es no profundizar, es permitirnos que nuestro yo decida a que cuestiones entramos y a que cuestiones no entramos en nuestra vida, es bordear una situación, y quedarse en el borde en una situación, sea en el contexto que sea, siempre es lo más peligroso que podemos hacer.

Más cuando reconocemos que ese ver desde afuera es también una demanda de los paradigmas imperantes en este tiempo, dónde la ciencia, la religión, la política, la economía nos dicen que la solución es que nos quedemos callados, encerrados, sin relacionarnos, sin involucrarnos.


Para mi este tiempo ha sido el tiempo de exigirme ir más allá del ver para encontrarme conmigo mismo a través de la palabra y la escucha, exigiéndome comprender lo que creo que no comprendo porque me falta saber, ya que la enseñanza me demuestra día a día que comprender no se trata sólo de saber, sino de mi interés por aplicar lo aprendido y hacerme presente.


En el momento para concluir digo que cómo cada año desde que estoy en enseñanza, crecí, y mucho mas de lo que imaginaba. Este cierre de año al que aún le quedan varias semanas es para elevar la vara, para brillar mas aún y exigirme mas aún, considerando lo No tomado e integrando la celebración del cierre con un nuevo comienzo de año, dónde el desafío como cada año, es que el próximo año sea mejor que el anterior.


*Juan Ignacio Costoya*