Uno de los signos inevitablemente conmemorativo de estos tiempos será la muy mencionada “pandemia” del virus “Sars Covid 19” y muy lejos de pretender abordar con este artículo cuestiones relacionadas al paradigma que enaltece tal desvío rotundo de la humanidad; mi intención es anotar la “marca” que deja en mi en este cierre abriente del año "la Peste".


Como cada año, me propuse viajar a Buenos Aires Argentina al cierre abriente del año y recibirlo junto a la Dirección de la Escuela E.D.I.P.O. y compañeros aliados. Uno de los grandes interrogantes en mi viaje fue, que sucedería respecto del brote de la creciente variable “omicrón” del virus? y más aún con todo lo que socialmente significa infectarse de "covid", pues rápidamente quien se infecta se convierte en “Enemigo Público”.


Luego de realizarme las pruebas respectivas para el viaje y que fueran “Negativas”, lo cual es otra de las tantísimas miles contradicciones de la ciencia… llamar “Negativo” a lo que te beneficia… decidimos entonces viajar a tan brillante momento.


Pese a los recaudos, el entramado tiene sus vías de hacer las cosas y me enteré de que en algún momento previo del viaje, tuve un contacto estrecho con alguien contagiado y entonces me contagié del virus, lo cual varió dramáticamente mis posibilidades de interacción durante el viaje por los aislamientos derivados al respecto.


Luego de varias ocasiones en las que me encontré intentando pensar que la falta estaba afuera; en quién me contagió, en que tal vez el test estaba mal, en que no era mayor cosa, ya que no detoné síntomas graves; todas cuestiones que el método claramente advierte que actuamos ante la falla…  comprendí la potencia de esa frase que dije recientemente…  “y me contagié del virus”… pues no es que alguien “me contagió”, que es lo que solemos decretar en este tipo de situaciones, sino que yo le abrí la puerta a la infección y tal cual el Método lo enseña, es urgente atender a cuál es "la falla" por la cual permití abrir la puerta a la desprotección.


Entonces gracias también a las intervenciones de JL;  fueron viniendo como un tsunami, un listado de lugares en los que venía arrastrando la misma falla de creerme excepcional y entonces cada vez densifique un entramado en contra de mí deseo.

   

Comprendí la potencia que hay en una de las cuestiones que nos transmitió JL en plenarios respecto de la función de las pestes y es que "ablandan el alma" y en un cierre abriente de año, es una gran lección que marca un antes y un después en mi vida y que me hace interrogar a mí mismo, quién he decidido ser.


Esta peste es una puñalada al narcisismo que me he permitido en la vida; a la soberbia constante, al enojo irrefrenable que actúo en tantas ocasiones; es tal vez eso que llaman “un mal necesario”, para que lo use de impulso hacia habitar el lugar de Enseñante al que me dirijo en la vida.


Mauricio Moore Velásquez

*MAURIGA*