Hacia la segunda exposición en dirección al **Congreso**


Una de las cuestiones que más difíciles resultan en educación es la de asistir los procesos de creación sin interferir pero estando presente.

Durante muchos años trabajé en educación en museos y en colegios realizando talleres de artes plásticas. Trabajábamos con obras artísticas que nos ayudaban a comprender temas espaciales, sociales, históricos etc. Conocíamos la obra, trabajábamos los conceptos y de ahí construíamos objetos. Después mostrábamos los trabajos y como suele suceder en las exposiciones venían las familias, todos muy contentos y qué bonito todo. Y otro artista y otros materiales y otra exposición y… el entusiasmo no faltaba porque lo que generábamos era atractivo pero los procesos de creación eran sospechosamente encauzados hacia un resultado determinado ya desde antes.

Yo participaba de ese proceso, me pensaba creativa y alimentaba mi ego con el entusiasmo y resultados que lograba en clase. Aquello era una estafa “creativa”.

Después de 20 años, con 10 años de trabajo en museos y otros 10 en colegios, y sobre todo porque tuve la fortuna de encontrarme con otras formas de educación, decidí abrir un taller de expresión donde acompañaba a niños y adultos en el proceso creador, por medio de la escucha, sin opinar sobre lo que hacían y no dando modelos sino que dejando que lo decidieran por ellos mismos.

Como ya apuntaba en mis dichos, conocí otras "formas" de educación. Varié la forma pero no el desde donde de mi trabajo en educación.

Hoy JL en la Reunión de GSV de Europa lo ha dicho muy claro y es que cuando interferimos en el proceso de creación del otro, ayudando o dando ideas es porque no nos bancamos la angustia que nos produce el vacío, la dificultad, o lo que se presenta en nosotros mismos gracias a que surge la falta en la situación.

En los primeros 20 años de mi trabajo en educación, lo que importaba era el resultado y los pasos que dábamos estaban dirigidos a ese resultado. Digamos que eran pasos a seguir que inducían a algo determinado. En la segunda experiencia lo que importaba era el cómo en el proceso, los andares en el camino digamos. Si decido para aquí o para allá, si voy más rápido o más despacio, si conecto o no conecto… pero considero que faltaba anclaje. Faltaba el mapa.

Y ese mapa lo ofrecen las Coordenadas Metódicas.

El Método considera primero el Qué y después el Cómo.

Tanto un recorrido enfocado en el qué sin considerar el cómo, como un recorrido donde se considera el cómo pero se pierde de vista el qué, son recorridos en los que la creatividad no tiene lugar. Para que un proceso sea creativo es necesario considerar las dos cuestiones, porque en ese baile entre el qué y el cómo es que nos las tenemos que bancar con cuestiones que de otra manera no entrarían.

Trabajar en educación considerando las coordenadas metódicas implica un recorrido interior muy potente. La Escucha es imprescindible y también sostenerse en referentes claros con los que asistir los procesos de creación. Es un trabajo que exige reconocimiento de la falla en uno mismo, continuamente, gracias a lo que enseña cada persona a la que se asiste.