Uno de los miedos más grandes que apareció cuando nació mi hijo, fue a que estuviera un poco loquito. A decir verdad, el miedo era a que mi hijo dejara al descubierto, aquello que yo escondía, apretaba, retenía… y aquello tenía un nombre: locura. En el fondo, lo disimulo, nadie se entera pero estoy loca.

Cuando mi hijo giraba como una peonza, yo pensaba… sí! Va a ser que sí. Cuando gritaba cosas raras o hablaba con sus transformers invisibles, yo pensaba… sí! Va a ser que sí. Yo “sabía” que era mi yo, que me torturaba con esa idea, bla, bla, bla, pero una y otra vez yo veía eso. Yo percibía eso.

La Enseñanza me Enseña a mirar desde un tercer lugar, desde el cual soy capaz de vislumbrar un cuarto lugar que engloba todo el cuadro de situación.

Así que, porque Yo quería diferenciarme de la que percibía eso, comencé a considerar cuestiones como desde dónde observaba, qué registraba yo y qué feedback me ofrecían otros de lo que sucedía… Hubo una frase de JL que me abrió la cabeza: que con los hijos actuamos lo mismo que con los padres. Esa frase me parece tan rara que muchas veces he pensado que la registré mal pero lo cierto es que me ha traído y me trae, nuevas vías de percepción y de comprensión. 

Así pues, interrogando desde dónde miraba, me di cuenta de que en esas situaciones en las que yo quería parecer una madre equilibrada, tranquila, esos días que yo pretendía ser muy linda, esos días eran los que por una u otra vía emergía mi locura.

Y emerge.

Recuerdo una mañana en la que Urko llevaba un guante con cabeza de dinosaurio y mientras yo pedía el café en una cafetería de diseño super cool, el dinosaurio arrancó a mordiscos las plantas de plástico que decoraban el recinto. Yo veía la escena de Urkoeldinosaurio devorando las plantas, yo me veía en la escena con caradepsicópata y veía la escena de la gente mirando-nos. Socorrooo. En ocasiones como esas, había dos opciones: o la catástrofe o la risa. Evidentemente ponerme del lado de la que se ríe de sí misma era la mejor opción y cuando sucedía Eso, por un momento cataba un humor del Entramado que me Encendía Yo había quedado tan mal, que el culo se me aflojaba y ya no había que hacer fuerza por apretar entre las piernas.

Ese lugar de no control que me asustaba, ese caos que trataba de tapar, de retener, sucedía que de la mano Traía Vitalidad y lo-kura.

 

También sucedió en la Casa de Dalí.

Entramos en una caseta donde había un grupo de franceses muy serios viendo un video. Nos sentamos en el suelo y Urko empezó a retransmitir lo que veía. Los franceses miraban raro y le dije que si seguía así, tendríamos que irnos de ahí y volver más tarde. Decidió quedarse, mirar y no hablar. Entonces fue cuando en el video apareció un erizo de mar bebiendo con una pajita. Urko comenzó a reirse. Los franceses seguían serios. Urko comenzó a reírse a carcajadas. Los franceses seguían serios. Urko empezó a descostillarse de risa. Y yo también. No sé si los franceses siguieron serios o no pero aquel video me hizo reir y conectar con la travesura, la alegría y el humor.

Conecté con Urko, conecté con el Traidor. Con el que traiciona la santísima orden delportarse bien. Esa santísima orden que tantas veces defiendo ante él, esa santísima orden de la que alzo el estandarte ante lo imprevisto.

Con Urko Aprendo,

Gracias a estar en el mundo, a conectar con la gente, a visitar lugares cool, museos, a ir a conciertos, a bajar al parque… gracias a estar en el mundo en situaciones que para mi yo son difíciles, comprometidas, de riesgo, es que me salvo de la locura.

Y Esto no tiene que ver con reírle las gracias y saltarse las leyes. Todo lo contrario.

Esto tiene que ver con cuestionarse las leyes que gobiernan en cada quien, con conocer cual es la ley que decide que lo que percibes sea una cosa u otra, con que cada quien se pregunte cuales son las Leyes que Decide para su Vida.