Mientras más escritos realizo más me doy cuenta de la infinitud de cuestiones que aprendo gracias a estar cada vez más conectado a la escucha y la palabra. Escuchar y hablar son dos acciones que literalmente nos unen o nos separan de lo que nosotros queremos alcanzar en nuestra vida.


Gracias a lo recorrido desde método me doy cuenta de que ni mi familia, ni el colegio, ni la universidad, me enseñaron a usar estas dos acciones para lo que yo quiero lograr en mi vida. Así como también gracias al método de la Magia he aprendido que fundar mi lugar propio no se limita a lo que me han enseñado, a lo que se o no sé, a la experiencia, a lo que tengo o no tengo, y que si está mucho más ligado a lo que hablo y escucho.


Desde que era pequeño me han enseñado que fallar es un problema que debo evitar, negar o esconder para que el otro no vea que estoy en falta, y eso me ha alejado de conocerme a mí mismo. Hoy comprendo que la herida narcisista es quedar en falta ante el Otro, interno y externo, y ese “quedar en falta” es un lugar dónde logro reconocer que lo que me creo que ya tengo resuelto aún no lo he disuelto.


La falla entonces no es un problema sino un aliado que nos muestra por dónde caminar, y no me refiero al lugar fácil de decir "aprender de mis errores" (frase que decimos para tapar nuestra angustia cuando hemos metido la pata en el barro hasta la cintura), hablo de la falla como la fuerza que nos da la oportunidad de reconocer aquello que nosotros creemos que no nos pertenece, y que retorna una y otra vez, con otra forma, desde otro lugar, para ponernos a prueba, mostrándonos que esa falla es al mismo tiempo lo más ajeno y lo más propio.


Si hay algo que siempre se presenta en mi vida, que tiene la capacidad de cambiar de forma, de aprender de cada cuestión que hago y que apenas bajo la guardia otra vez asesta su golpe, eso tiene una fuerza enorme que es mejor si logro ponerla a mi favor.


El fallido entonces, es un excelente lugar para ver la relación entre la falla y la importancia de la escucha y la palabra, es el reflejo más íntimo de eso que está en nosotros y que no somos nosotros, que se hace visible cuando explota en nuestra boca. Aunque al fallido queramos maniatarlo, contenerlo o empujarlo hacia adentro nuevamente, surge para mostrarnos que nuestra mente esta ordenada por algo que desconocemos. Hasta que no nombramos la falla, la falla sigue oculta en nosotros dirigiéndonos, minuto a minuto perdiendo nosotros la oportunidad de conectar con lo que nos puede llevar más allá de los circuitos habituales y automáticos que realizamos.


Utilizar esa fuerza a mi favor es un recorrido que me implica aprender a utilizar cada vez mejor la escucha y la palabra. Cada vez que yo no me escucho a mi mismo o no escucho al otro, no estoy conectando con esa fuerza, estoy permitiendo que eso no desocultado siga dominando en mi.


Yo me dedico entre muchas otras cosas, a asesorar en planificación y gestión de proyectos, y unas de las cuestiones que veo que más nos frenan a la hora de llevar a cabo nuestro plan es que no reconocemos  cuál es esa falla que se repite una y otra vez, o si logramos reconocer la falla, hacemos como si no existiera, porque claramente al yo jamás le va a interesar que nosotros avancemos más allá de ese lugar conocido y seguro que nos sirvió para llegar hasta ahí.


Por eso este escrito es una invitación a conectar con eso que nuestro yo no quiere que consideremos, una invitación a cambiar el lugar desde dónde enfocamos, hacia conectar con esa fuente inagotable de energía que está en el lugar menos esperado, la falla.


*Juan Ignacio Costoya*