a través del arte se cambia la realidad

a través del arte se genera la realidad

a través del arte armamos en la realidad vías que como humanos no podemos armar

José Luis Parise

 

Zubiak - Colegio Samaniego – Tolosa, País Vasco.

https://drive.google.com/file/d/1uQ6_91gfhMYoUvzgUEGa6chh5d9iZp3_/view?usp=sharing

 

Primero va el qué y luego el cómo.

Aunque ya desde el Centro de Arte Contemporáneo Tabakalera me dijeron que los alumnos de 6.curso querían crear espacios para ellos, lo primero que hice fue hablar con ellos directamente y preguntarles qué querían. La respuesta que me dieron era la misma que ya me habían transmitido desde Tabakalera, pero fue importante anclarlo al Qué desde el inicio con ellos. Querían crear lugares donde estar a gusto, tranquilos, dentro del espacio escolar. No tenían ideas concretas, ni sabían si la construcción la harían otros, o ellos, con qué lo iban a hacer… En el inicio fue decidir qué y dónde.

Yo no contaba con mucho tiempo para llevar a cabo el proyecto y era una actividad puntual dentro del programa escolar, pero Sí contaba con el apoyo de una profesora con muchas ganas, una directora con un sí total y un conserje con mucha disponibilidad para por ejemplo hacer agujeros con un taladro, conseguir silicona… Un equipazo.

 

Decidí trabajar con los tres registros. Eran tres sesiones de hora y media cada sesión + 1 día de trabajo dedicado a la construcción que decidimos realizar después del proceso de diseño.

 

Lo primero fue llevarlo a lo simbólico. Ellos decían que querían un lugar donde sentirse a gusto y lo que hice fue iniciar la creación del lugar, desde ellos.

Sacudimos el caldero por medio de la música, con telas, en una cancha de baloncesto… yo no tenía claro lo que iba a suceder… y lo que sucedió fue mágico.

¿Porqué las telas? Porque con las telas podemos envolvernos y envolver, podemos unir, podemos separar, crear formas, podemos elegir telas en las que nos sintamos a gusto, podemos envestirnos e identificarnos con “alguien” imaginario, podemos limitar... Consideré estas cuestiones que facilitaban que ellos tuvieran antes la experiencia de lo que querían producir en ese lugar: recogimiento, sentirse a gusto, intimidad, protección, conexión…

Llegué a la cancha de baloncesto y no les dije lo que tenían que hacer. Puse la música, abrí las maletas con telas y me puse al lado de las maletas con material para unir, enganchar ( gomas, cuerdas…)…  asistí el proceso de creación desde la escucha, aplicando lo que del trabajo de asistencia conocí gracias a Vega Martín en sus Talleres de Movimiento. Ellos empezaron a jugar y yo me limité a ordenar telas, atar alguna cosa si así lo querían… no conduje. Puse atención, escucha, receptividad.

Fue una sorpresa total. Empezaron a envestirse, después se relacionaron entre ellos y la cosa fue rodando hasta que construyeron una especie de campamento y entraron allí. Estaban muy contentos y con ganas de más. Al final de la clase fuimos a los lugares elegidos para pensar qué querían construir ahí.

 

En la semana les invité a visitar esos espacios y también a fijarse en lugares que les gustaban cuando paseaban por la calle. A tenerlo en mente.

 

Segunda sesión, construyendo la imagen.

Cada cual eligió el lugar sobre el que quería trabajar. Hicimos grupos y comenzamos a proyectar la idea. Fuimos a los diferentes lugares y ahí dijeron… aquí esto, aquí lo otro… ¿y si colgamos?… ¿y si?...

Llevé materiales con los que construir maquetas: cartones, plásticos, telas, tapones… Comenzaron a proyectar en la maqueta aquello que ya habían construido en lo imaginario. Fue clave que pudieran salir de clase, visitar el lugar real que iban a transformar, tomar medidas, volver a la maqueta… Hubo mucha conexión entre la imagen y lo real y se notaba que lo que proyectaban en la maqueta lo veían ya en el lugar.

De la segunda a la tercera sesión lo que varió fue que cuando llegué a la tercera me esperaban en la puerta con una sonrisa mostrando por ejemplo un tapón de suavizante como si fuera una joya. Y sí! para ellos era todo un hallazgo. Ya no valía cualquier cosa, ellos decidían qué y dónde ponerlo. Las maquetas estaban muy avanzadas y ya pensaban en construirlas en lo real.

¿Lo vamos a hacer de verdad? Sí! Lo vamos a hacer.

 

El día de construcción en el que se implicaron profesores y familiares fue una fiesta. Trabajamos a tope y después celebramos con comida rica y actuaciones musicales.

Fue fácil. Muy fácil.

 

Cuando en las Actividades de la Escuela recorrimos los tres registros lo que entendí fue que el registro imaginario podía voltear lo real y lo simbólico. Eso fue lo que entendí y no sé si es acertado pero lo que me quedó muy claro en este proceso de creación es que el registro imaginario mueve montañas.

Lo que los niños construyeron en la maqueta, para ellos se convirtió en “real”. Por eso agarraban el tapón de suavizante como un super hallazgo y decidían con tanto cuidado más arriba o más abajo. Cuidaron mucho su trabajo, se cuidaron entre ellos porque más allá de los desacuerdos que surgían en el camino había un tiempo y un objetivo al que todos se dirigían. Cuando estuvieron las maquetas, ya estaba ahí la transformación. Y la realización en lo real fue como se suele decir, coser y cantar. Cuando grababa el video me parecía que la cosa iba sola. Era como si todos supieran lo que estaban haciendo. Ya estaba hecho de antes.

 

El video cuyo link está aquí arriba, se lo envié a Javier para que lo incluyera como material de presentación en la Formación de Enseñantes y al día siguiente de enviarlo me llamó una madre del cole de mi hijo. El proyecto que realicé en Tolosa, lo eligieron de entre muchos proyectos de colegios de Gipuzkoa, pues bien, el colegio seleccionado para el curso escolar 2019-20… era… el del cole de mi hijo!!!!

Me puse a llorar de emoción y la mujer que me llamó yo creo que se quedó un poco impactada jajajaja Yo no lloraba por la selección. Yo lloraba porque de repente lo laboral convergía con lo familiar y no sabía qué forma iba a tomar todo aquello, pero Reconocí en Eso un hermoso guiño del Entramado.