En este mi segundo envío, aún no puedo afirmar que me he ganado un lugar por mi mismo en este blog. Luego de mi entrada anterior en la que dejé anotado todo lo que si hice para considerar poner foco en lo que yo decido valorar más en mi vida, me encontré con el todono de frente que ya había decidido por mí, dejándome por fuera de actividades y reuniones de las que digo querer participar. Esas actividades no son una reunión más, son las actividades que me unen a lo que en este tiempo me doy cuenta que mi yo se resiste mucho más de lo que yo pensaba, me refiero a las actividades que implican un encuentro con mi análisis metódico.
En menos de tres meses me permití faltar dos veces a estas reuniones y esto no me había sucedido antes. En cuanto me di cuenta de que otra vez me había dejado por fuera de las reuniones en las que digo querer estar, me encargué de asegurarme de que no iba a permitirme lo mismo, y ahí cuando me creí que por lo que si ya la cuestión estaba resuelta, el todono en mi volvió a decidir por sobre lo que yo pongo en juego. Si bien esta semana si participé de las reuniones en las reuniones no dije ni una palabra, y en eso lo que actúo es la misma ausencia con otra forma, es ocupar un lugar sin ocupar un lugar.
Gracias a lo que aprendí y aprendo de los cuatro discursos logro darme cuenta que esa ausencia que me permito dice mucho más de lo que yo antes pensaba, e incluso dice todo lo contrario a lo que yo antes interpretaba. Aprendí que eso que actúo es una posición de amo desde la que pretendo seguir ocupando un lugar sin ocupar un lugar, haciendo que los demás trabajen para mí (en las reuniones por ejemplo), desentendiéndome de lo que implica llegar a una conclusión y tomar una decisión, o del esfuerzo que implica pensar las cuestiones y ponerlas en juego frente a otros. El análisis es el que nos permite distinguir esa actuación de nada que desde el yo se interpreta de una manera completamente opuesta, manera que lo único que pretende es seguir encubriendo la posición de amo.
Aún es mucho más fuerte descubrir que ese discurso de amo puede transformarse en un virus, y que ese virus es mucho más peligroso. Mientras más me permito quedarme en el lugar de amo más probabilidades hay que ese lugar desde dónde actúo se transforme en el virus canalla.
Todo en este tiempo me señala que encontrarme con el análisis es la solución y la respuesta a ese discurso de amo que me permito actuar y que se transforma en virus por lo que yo no hago. Lo más resistido por mi yo, el espacio de análisis, es la solución, y lo que mi yo me vende como solución pretendiendo que me quede callado ante en las reuniones, es más del mismo problema.
Juan Ignacio Costoya