Cada vez me moviliza más cuánto de lo que “decido” en mi vida está manejado por el otro. Cuántas cosas digo que elijo, que me llevan al mismo lugar de siempre por no interrogar mis elecciones.

Gracias a lo que venimos trabajando en este tiempo, en reuniones en continuidad preparando temas y anudándolos a cuestiones particulares en cada quien, descubro que los temas que elijo están totalmente polarizados a lo que determinan mis sonidos, a lo que el automático en mí me lleva a generar.

Uno de los temas que he trabajado está relacionado con el pintor Van Gogh. Conocía su pintura, lo estudié en la universidad pero no me producía mucho interés la verdad. Más allá de los famosos girasoles y el acontecimiento de la oreja, no me interesaron demasiado sus noticias, ni sus cartas, ni sus formas.

Gracias a recorrerlo desde Enseñanza y después de yo misma haberme sorprendido de mi elección, se me han presentado cuestiones en la historia de Van Gogh que me han develado pasajes de mi propia historia, que no quise atender por que no me parecían urgentes.

Los sonidos de su nombre están en mi apellido materno, Olaskoaga, que remiten claramente al hacer, “aga”, y que desde el yo producen asco haga lo que haga. Gracias a presentar ante JL y a lo que entramé en mi presentación, reconocí este mantra familiar que cumplo a rajatabla si las cuestiones que genero, las abandono cuando me lo decide el yo y no las llevo hasta donde Yo las quiero llevar. El rechazo es un afecto que me afecta en cada viaje, en cada proyecto, creación, emprendimiento… y que hoy día tengo claro que no está en el otro afuera sino que está en mí.

Gracias a recorrer la historia de Van Gogh descubro hacia dónde “dirijo” mi vida cuando trato de tener el reconocimiento del otro, la aceptación, cuando pretendo darme valor por las cosas que hago y no por quien decido ser.

Van Gogh pretendió atrapar el sol para hacerse luminoso, artista divino, pero giró su cabeza hechizado como hacen los girasoles, hasta que quedó totalmente virado. Estaba el sol, estaban los cuadros, pero ¿y él? Quedó pegado a sus cuadros. “Yo soy la pintura” decía. Le faltó mirar desde un Tercer Lugar tanto al sol como a su pintura.

Si yo dependo de lo que el otro me da para ser alguien, para reconocer mi lugar, me alejo de la luz. Aunque el otro sea el sol, no por mirarlo con muchas ganas voy a obtener más luz en mi vida. Leyendo a Van Gogh reconozco mucho de mí, de mi necesidad de hacer, hacer, para que el otro me reconozca y entonces ser alguien. Lo que Van Gogh cortó es lo que a mí me hace falta, aquello para lo que se usa la oreja, La Escucha!! para escuchar lo que mi yo no quiere escuchar y que gracias a esta Maravillosa Enseñanza tengo la Oportunidad de recibir en la mejor Frecuencia de Onda.