En el post anterior traté de transmitir lo recorrido en mi primera charla individual y de considerar lo que sí y lo que no en lo que realicé. Eso que sí y eso que no, estaba recortado por el yo, y fue gracias a que la Compañera Delfina me lo señaló en una de las reuniones que hicimos entre nosotros, que pude ver que no cumplí los referentes con los que hacer posible la charla. No me encargué de llegar al número de participantes necesarios para que la charla fuera viable y no vi algo fallido en eso.
Hice la difusión, sí se inscribieron un número de participantes como para hacer posible la charla, y después, dejé de atender el tema, apoyada en un imaginario, sin encargarme de eso posible hacerlo necesario y llevarlo hasta el final en buenas condiciones. Estos "pasos" que me llevan a que las cuestiones que decido realizar no lleguen a donde quiero que lleguen, los puedo reconocer en muchas situaciones a lo largo de mi vida. Siguen la serie de creerme que con iniciar una cuestión, pensar la idea y ponerla en marcha, voy a llegar al objetivo…peeero, en el recorrido surgen más de una cuestión que el yo no calcula, y que el Método claramente nos Advierte y que son claves en el recorrido hacia el resultado que desde el yo no podemos alcanzar.
Ahora leo el post anterior y me avergüenzo del delirio que construyo desde el yo, pintando de rosa el panorama, para que la falta quede tapada, y si hay alguna falta que sea una “falta de conveniencia”. La falta esa que al yo le viene bien en el guion.
Lo que todo esto me muestra es que no hago verdad lo que el Método me Enseña. Pretendo volar sin antes ordenar el Viaje y eso no me trae otra cosa que acabar estampada contra el muro decidido por el yo. Me hace buena falta agachar la cabeza y atar en corto al imaginario porque sin orden no hay concierto y lo que desde ese caos produzco no es más que ruido.